Cerramos el viaje de Yukiko y Buruu por el Imperio Shima. Es hora de la guerra total, no hay opción de acuerdo ni de salvación para dos formas de entender el mundo. El loto debe florecer. El loto debe arder.
Jay Kristoff nos ha llevado a lo largo de esta trilogía por un imaginario mundo en el que unos pocos han hecho dependientes a unos muchos de un elemento que rige sus vidas. El loto, el chi; el humo negro que es droga, que es combustible, que fertilizante. El elemento que hace que el mundo siga a cambio de cobrarse el precio en los cuerpos de los habitantes de este imperio dominado por el Gremio.
Una traición inesperada hace que los rebeldes Kagés crean lo que no es. De ello depende que su levantamiento triunfe.
Un arashitora solitario guarda un secreto que no podrá seguir enterrado mucho más tiempo. El pájaro de las alas de tormenta sujeta el alma y el corazón de una chicha que puede cambiarlo todo.
Hombres y mujeres con piel de metal, creados para mantener un orden mundial de sometimiento, se arman para la batalla final con un arma que lo destruirá todo.
Un Shôgun justifica su locura en una palabra dada a un muerto, y en un sentimiento demasiado intenso hacia la pequeña Señora de las Tormentas que lo traicionó.
Y, de fondo, latidos bajo el suelo, sobre las nubes. Que avisan de que algo inesperado está por llegar.
Las Guerras del Loto es, desde mi punto de vista, una crítica de Jay Kristoff a la devastación que hacemos los humanos sobre la Tierra. Un recordatorio de las especies que llevamos a la extinción poco a poco y que podrían ser la clave para la salvación de todos. Un aviso de que la Naturaleza no olvida, que devuelve lo que creamos en y sobre ella.
Que sea un paraíso o un infierno en el que morir es algo que depende de nosotros.
Publicado por Editorial Hidra
