El infinito en un junco

Irene Vallejo nos lleva a través de El infinito en un junco a través de la historia de los libros, de cómo el ser humano ha buscado a lo largo de los siglos una forma de guardar y transmitir sus conocimientos, pensamientos, historias y sueños.

Es un ensayo que engancha por la facilidad que muestra la autora para escribir sobre la enorme trayectoria del libro desde su origen hasta nuestros días. Desde las primeros trazos en arcilla, en pieles, en papiros…hasta las palabras que surgen desde pantallas iluminadas hoy en día.

El infinito en un junco es un viaje a través de varias culturas, sus usos y costumbres, sobre hitos que marcaron la supervivencia de la escritura por encima de la transmisión oral. Hay guerras, invasiones y traiciones en esta larga historia de los libros, pero, sobre todo, creo que Irene Vallejo ha escrito una verdadera carta de amor a la escritura.

Es un libro intenso, como datos y mucha información, para leer con calma y disfrutarlo al máximo.


En febrero de 2021 terminé de leer “El infinito en un junc”, de Irene Vallejo, fue un viaje duro, precioso.

Disculpas de antemano si os aburro con este post, pero es necesario, para mí.

Me regalaron “El infinito en un junco” por mi último cumpleaños (noviembre) mis primas (hermanas diría yo, los hijos únicos nos aferramos a hermanos inventados) Raquel y Rebeca. Regalar un libro en mi familia paterna en cualquier ocasión no es que sea tradición, es norma. Quizá porque nuestros padres crecieron en una Tierra de Campos donde el futuro posible pasaba por leer, los libros han sido nuestro regalo más preciado. Así que, siempre, siempre, un libro como regalo.

Hacía años que no me tomaba tanto tiempo para leer un libro. Yo, que voy a volumen por semana, no pude ir más rápido con el Infinito. No quería que acabara, que se me escapara la última página rascando minutos a la noche.

A mediados de enero hablé con mi padre de este libro. Y le expliqué los motivos por los que era bastante posible que la obra de Irene Vallejo me reconciliara con la escritura. Y volvimos a hablar de los libros que nunca escribiremos, las historias que tanto él como yo nos inventamos en nuestra imaginación pero que nunca nos lanzamos a convertir en realidad.

Unos días más tarde un llamada me avisó de que mi padre, sin más, se había ido.

Y me aferré a este último viaje de la mano de un libro para encontrar ese hilo invisible que en ocasiones, como esta, sirve para unir pequeños fragmentos de personas rotas.